Luz Casal se lo permite todo en el disco más inclasificable de su carrera

28 noviembre, 2025

La cantante lanza ‘Me voy a permitir’, un álbum ecléctico y poderoso en el que conviven canciones originales con clásicos y colaboraciones como las de Carla Bruni, ‘Wix’ Wickens, Robbie McIntosh y Chris Barron

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No es un disco de versiones. Tampoco un álbum inédito. Pero poco importan las etiquetas, y de nada sirven, cuando se trata de Luz Casal. En ‘Me voy a permitir’, el trabajo más ecléctico e inclasificable de su carrera, se concede el antojo de mostrar diez caras, tantas como canciones: diez actitudes, diez miradas, diez formas de entender el mundo. Se mueve con la libertad de quien ya no tiene que demostrar nada. Enseña sus cartas como dama de la chanson francesa y voz contemporánea del cancionero latinoamericano. Como cronista de lo cotidiano y rockera que jamás colgó los pantalones de cuero. Ya lo advirtió Pablo Guerrero: Luz puede acariciar como la seda o desgarrar como los colmillos de un animal herido. Capaz de cantar desde el despecho o la esperanza, canalla o luminosa, libérrima siempre.

 

Abre el disco ‘Nada es imposible’, título inspirado en el lema de la escritora Noah Higón, que padece siete enfermedades raras. «Cuando todos dicen ‘no puedes’, / yo lo intento el triple de veces», canta Luz en este hermoso corte, coronado por un brillante crescendo de metales. Es una de las cinco canciones originales de ‘Me voy a permitir’. Le sigue otra de las nuevas composiciones, ‘¿Qué has hecho conmigo?’, el tema de estribillo pegadizo y marcado carácter pop que sirve como carta de presentación del álbum.

 

En ‘Lágrima’, uno de los fados más emblemáticos de Amália Rodrigues, la voz de Luz suena desnuda y contenida, apenas deslizada sobre el acompañamiento de una guitarra portuguesa. Su interpretación constituye, además, el primer gesto de una cadena de homenajes a mujeres que, como ella, se abrieron paso en la música, a menudo contra viento y marea. Esa fue, de hecho, la simiente de ‘Me voy a permitir’: un proyecto inicialmente concebido como reconocimiento a algunas de las voces femeninas que la han acompañado e inspirado a lo largo de su trayectoria, y que, una vez descorchado el proceso creativo, acabó incorporando temas inéditos.

 

En ‘Parece ser’, una de las letras más afiladas del disco, Luz se confirma como una extraordinaria narradora de la actualidad («Parece ser que hay incendios / devorando las casas / y conflictos eternos, / tierras que se desangran») sin renunciar a la mirada crítica que caracteriza muchas de sus letras, aquí sostenida por una impresionante algarabía rítmica de percusión y viento: «Parece ser que se miente mucho más que se habla / y que el mundo se ahoga en un mar de pantallas».

 

El ecuador del álbum regala uno de los temas más descarados y rockeros de su carrera, el que da título al disco («Me voy a permitir ser mediocre, / macarra, prepotente, chabacana y vulgar»), toda una declaración de intenciones con la que Luz reivindica su condición de verso suelto en una industria atada a apariencias y fugacidades: «Yo no quiero encajar en eso que defines como un mundo ideal, / yo prefiero cambiar las reglas del juego, no ser una más».

 

Sigue una emocionante revisión de ‘Todo cambia’, una letra cruda pero esperanzadora que en la voz de Luz adquiere nuevos matices y reafirma su talento para transformar clásicos del cancionero popular en hallazgos íntimos, como si acabaran de ser escritos. La letra tantas veces cantada por Mercedes Sosa, otra de las mujeres homenajeadas en el disco, se erige aquí como testimonio de resistencia y optimismo, valores que la intérprete de ‘Piensa en mí’ y ‘No me importa nada’ ha encarnado desde sus inicios.

 

Con ‘Bravo’ se mide a uno de los himnos más rotundos y oscuros del repertorio mexicano, una balada compuesta por Luis Demetrio que Luz, más sobria que teatral y bajo la producción de Renaud Letang, con quien ya trabajó en ‘La pasión’, convierte en una herida contenida, un reproche primero irónico («Bravo, permíteme aplaudir / por tu forma de herir mis sentimientos») y luego elevado a testimonio de orgullo y dignidad serena. Sin salir del país azteca, Luz se adentra en ‘Te mereces un amor’, de Vivir Quintana, una de las cantautoras más interesantes de la música latina. Su interpretación, de una delicadeza casi susurrada al principio, explosiva después, mezcla ecos de nana y ranchera, como si arrullara un consejo infalible antes de lanzarlo al vacío.

 

Con ‘Ella’, de Charles Aznavour, llega la primera y única colaboración cantada del disco. Carla Bruni, icono de la música francesa contemporánea, se une a Luz para tejer un diálogo elegante y emotivo que enriquece este corte intimista que dio la vuelta al mundo tras formar parte de la banda sonora de la película ‘Notting Hill’. Cierra el álbum ‘El blues de la cebolla’, una composición original de Chris Barron (Spin Doctors) producida por Paul ‘Wix’ Wickens, músico habitual de Paul McCartney. Luz, autora del tema junto a Pablo Sycet, aporta una lectura feminista en la letra («Y, por tanto, compañera, / pon las manos en la masa / porque aquí tú eres la joya») y una interpretación rugosa y viva, como exige la crudeza del blues, acompañada de un memorable puente musical protagonizado por un solo de guitarra de Robbie McIntosh (The Pretenders, Norah Jones, John Mayer), uno de los músicos más respetados y elegantes del panorama internacional.

 

Diez canciones, diez piezas de un puzle con el que Luz, genuina y tentacular, ajena a la pirotecnia y los artificios, se permite no seguir más señales que las de su propio instinto, una libertad que le ha brindado la admiración del público, el respeto de la crítica y la complicidad de sus colegas, un triple reconocimiento que se produce en contadas ocasiones. Este nuevo trabajo, un puente entre pasado y futuro, certifica su doble condición de compositora intuitiva y talentosa e intérprete excepcional, capaz no solo de cantar sino de habitar las canciones, sean suyas o ajenas, y la confirma como uno de los mayores iconos vivos de la música europea.