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amor

Israel Fernández

13/10/2020

Carlos Martín Ballester


En el libreto de su anterior trabajo discográfico —Universo Pastora—, comentábamos que «cuando aparece un cantaor como Israel Fernández, de repente se abren las ventanas a la sorpresa y las emociones». Entonces realizó una profunda inmersión en la obra de la Niña de los Peines, de su hermano Tomás Pavón, y de Pepe Pinto, es decir, el legado sonoro de la Casa de los Pavón, en lo que fue un emocionante diálogo musical de conclusiones lucidísimas, y en el que aportó su singular personalidad a los cantes. 


Este nuevo trabajo, titulado Amor, se nos presenta como una obra más personal si cabe, y no porque Universo Pastora careciera de la impronta de Israel, sino porque Amor va más allá: el artista no se limita a recrear una obra concreta, sino que escoge aquí y allá lo que mejor define su presente flamenco, tejiendo los temas con letras de su propia autoría, siempre con la base de un profundo conocimiento del repertorio.


El disco —además— se presenta con el acompañamiento de Diego del Morao, guitarrista que maneja con naturalidad dos lenguajes tan fundamentales como complementarios: la herencia del toque y la necesaria mirada contemporánea. Si a ello se le añade que el jerezano está adornado con un talento único, las conclusiones no pueden ser más elogiosas. 


También participan a las palmas Juan Grande, Juan Diego Valencia y Luis de Periquín; y en las percusiones Piraña, de nuevo Luis de Periquín, y Chaboli. 


El CD se abre con unas alegrías tituladas De Santa Ana, marcadamente personales, tanto por las melodías planteadas como por las letras, de aroma gaditano-madrileño. La guitarra —luminosa e inspirada— de Diego del Morao se antoja desde los primeros compases como el complemento ideal.


La casa pequeña es una malagueña en la que adorna con delicadeza y respeto el cante de Enrique el Mellizo, aquel genio gaditano del siglo XIX, pero renovando la temática sin estravagancias, lo cual se agradece. 


En la Soleá del cariño, tras una letra que anuncia lo venidero y una majestuosa introducción de Diego del Morao, su cante propone variaciones sobre distintas músicas soleareras, unas más livianas y otras ajustadas a método, pero todas movidas por una búsqueda constante.


Los tientos La Amada, llegan al oído como unos tangos lentos evolucionados, dulces en su medida, que recuerdan a su origen, pero introducen variantes estimables, como en su estribillo doble: «veinticuatro horas al día / si tuviera veintisiete / tres horas más te querría»,  «veinticuatro horas al día / y eres la dueña de mi cuerpo / y eres patoíta la vía», en los que se percibe la firma —inconfundible— de José Soto ‘Sorderita’. 


Bulería del reproche es una de las dos bulerías del disco, firmadas por el propio Israel, así como por el polifacético Pepe Torres, y Charo de los Rubios, hija del singular Antonio el Rubio. Tema de gran dinamismo y riqueza de variaciones, con Diego del Morao demostrando que reina por bulerías. 


Le sigue La bella murciana, plena de matices, pero sencilla y directa al núcleo de la emoción. 


Los tangos llevan por nombre Querencia, escritos por Israel con el añadido de una letra arrumbada de Juan Cortés, de Los Banis, rítmicamente interesantes, y que muestran su faceta más abierta y popular. 


El mandamiento es una granaína que conjuga la sonoridad contemporánea —sublime el toque de Diego del Morao— con la autenticidad y la creatividad de la voz de Israel: lamento con guiño a Manuel Vallejo en los dos primeros versos, y despliegue de ricos arabescos en el resto de la copla.


 Seguiriya del desvelo supone una de las mayores audacias del trabajo, puesto que aportar en el campo de la seguiriya se antoja como uno de los más grandes desafíos para un flamenco. Alterna códigos que van desde la canción por seguiriyas —en la más noble acepción del término—, a propuestas más clásicas, siempre filtradas por la creatividad de nuestro protagonista. Los elementos percusivos —muy presentes a lo largo del tema—, ayudan a crear una atmósfera de tensión y claroscuros. El acompañamiento de Diego del Morao aporta sonoridades nuevas al mundo de la seguiriya, facultad que solo está al alcance de los elegidos.


 La segunda bulería del disco lleva por título El anhelo, de autoría propia, y en la que Israel se muestra como un cantaor de fértil repertorio. Diego luce enormemente, hasta el punto de que cuando revisita algunos toques anteriores, suenan nuevos.


La obra se cierra con los fandangos Como yo te quiero, el primero firmado por el propio Israel, muy afinado y doliente; y el segundo por ese genio llamado Antonio de la Calzá, de fraseo inspiradísimo y jaleos setenteros. 


En definitiva, Amor es el paso natural de un cantaor en franca e imparable evolución, que basándose en un amplio conocimiento del repertorio y con los afectos como hilo conductor, ofrece al mundo su concepto actual del flamenco derrochando gusto y personalidad.

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