biografía

Klaxons (, 1 de enero de 1970)

Es justo decir que Klaxons tienen una gran carga de expectativas encima. Sólo poco más de un año después de su existencia los chicos les adoran, se visten como ellos y se vuelven literalmente locos en sus conciertos. Los medios de comunicación se huelen algo muy caliente y están estupefactos ante ellos. Para el consumidor de música y para los adictos a MySpace la loca energía de los tres singles – el último, ‘Magick’, una frenética apología al ocultista Aleistair Crowley, se escucha con regularidad en Radio One pero sobresale con creces entre la masa de canciones normales del indie. Para el observador más casual hay mucho de qué hablar sobre la ‘nu-rave’, un término que el bajista Jamie Reynolds acuñó hace meses para describir la forma en la que esta banda se refiere a la era en la que la música de baile gobernaba en Inglaterra. Esa es una expresión que, que para una banda de ardientes guitarras, es engañosa y a veces extrañamente apropiada.

Jamie Reynolds (26 años)  creció entre los municipios de Bournemouth y Southampton. A la edad de 12 años ya bebía y fumaba hierba y a los 13 salía con chicos cinco años mayores que él- Un grupo de ellos le pidió que fuera bajista de su recién formada banda indie, Thermal, y unas cuantas lecciones de bajo más tarde, ya estaba taloneando a bandas heavy de la talla de Mansun y Heavy Stereo. Pero el gran salto nunca llegó. Cuando se fueron a grabar el single del lanzamiento de Thermal, descubrieron que el cantante principal no podía cantar y la banda se disolvió. Jamie se sintió destruido por completo y se arrojó en los brazos de las fiestas. Estudió filosofía en el instituto pero su corazón no estaba ahí y lo dejó, pasó los siguientes ocho años trabajando en tiendas de discos “dándole la tabarra a la gente que compraba discos que a mi no me parecían buenos”.

Igual que Quentin Tarantino, el chico del vídeo club que soñaba con hacerse grande, Jamie pasó esos años sumergiéndose en la cultura musical y haciendo planes. Las cosas resultaron de forma espectacular cuando se trasladó a Londres y lo echaron del trabajo. Gastó el dinero de su despido en un equipo de estudio y se juntó con Simon para formar un grupo llamado Klaxons (Not Centaurs), llamado así por un verso de un texto artístico de principios del siglo XX, El Manifiesto Futurista.

Simon Taylor (24 años) creció en Stratford-upon-Avon. Aunque estaba muy imbuido de la música indie, también escuchaba las recopilaciones de ‘Dance Nation’ e iba a las discotecas de harcore. Le pidió a James, que estaba en un curso por debajo de él en el colegio, que le enseñara a tocar la guitarra, luego se fue a estudiar Arte en la Universidad de Nottingham. Fue allí donde abrazó los sonidos angulosos de Josef K y los Fire Engines y realizó planes cuando salía a beber por la noche, para formar una banda con el novio de una de sus compañeras de piso, un tal Jamie Reynolds.

James Righton (23 años), trabajaba cada verano en los barcos de Stratford-upon-Avon, pero mientras se dedicaba también a la música porque su padre es músico. Fue al Festival de Reading a los 10 años y vio a Oasis en Knebworth a los 13 años. Le gustaba todo, desde Pantera a Radiohead, pero después de estudiar Historia en la Universidad de Cardiff, se marchó a Madrid a enseñar Inglés y explorar “esos extraños clubs de techno”.

A finales de 2005, su antiguo compañero Simon le persuadió para que regresara de “ese año de paréntesis  interminable” y se uniera a los Klaxons. La química entre los tres fue inmediata. Meticulosamente idearon un plan de lo que querían conseguir y grabaron ‘Gravity’s Rainbow’,un 7 pulgadas de ciencia ficción de punk progresivo, sacaron 500 copias con portadas hechas a mano. La cara b era una versión de la olvidada canción rave de 1992,  ‘The Bouncer’ (originalmente de Kicks Like A Mule). Jamie dejó caer la expresión ‘nu-rave’ para describir la ética de los Klaxons y la bola empezó a rodar. Para cuando hicieron su primer concierto, ya estaba claro que la banda era algo especial. ‘The Bouncer’ no es un disco de dance electrónico en absoluto, por descontado, sino que vacila brutalmente con el rock espartano que tiene más en común con Big Black ó Fugazi. La cosa era que los Klaxons, con su llamativo sentido del vestir, su falta de presunción y su deseo de convertir un concierto en un verdadero momento de frenesí, eran lo que la escena post Libertines de Londres necesitaba. 

Un fiesta al viejo estilo del rave en el gimnasio del colegio, con la localización revelada en el último minuto a través de un mensaje al móvil, selló finalmente la reputación de Klaxons. Cientos de personas se congregaron allí y bailaron hasta el amanecer sin interrupción policial. Lo que vino después han sido seis meses frenéticos – giras constantes por Europa y Estados Unidos; la ficticia llamada a las armas de William Burroughs en el segundo single,‘Atlantis To Interzone’; la definitiva aparición en el festival Reading; infinidad de perlas del tipo “los próximos grandes” de toda la prensa desde GQ al NME ó The Sun.

Y los Klaxons están preparados. No van a desperdiciar la oportunidad y están deseosos de dejar que el mundo escuche toda su paleta de habilidades en su álbum de debut,‘Myths Of The Near Future’ producido por James Ford de Simian Mobile Disco. Los tres provienen de padres solteros y se han convertido en una pandilla muy íntima de hermanos musicales que se concentran en hacer arte que va a dejar a todos con la boca abierta. Leen con voracidad y sus letras, llenas de referencias a los relatos de Richard Brautigan, Thomas Pynchon, JG Ballard, Alfred Jarry, etc, son un grito refrescante lejos de las modas actuales del realismo de las paradas de autobuses comiendo patatas fritas. Llámales pretenciosos, si quieres, ellos dirán sencillamente, “Y qué”, y se enfrascarán en su siguiente canción.

La palabra ‘klaxon’ deriva del vocablo griego “alarido”. Aquellos que se identifican con los ‘Four Horsemen of 2012’ (Cuatro Jinetes de 2012), que cierra el album de Klaxons, admitirán que Klaxons hacen gala de tal descripción. Por otra parte, la deliciosamente armónica canción ‘Golden Skans’, con su guiño a los Beach Boys y sus coros de los 80, se ha convertido de repente en un remolino de suaves latidos de corazón. El álbum sorprenderá a mucha gente;

 “Hemos estado hacienda este monstruo pero no es lo que la gente se espera de una banda de neón de Shoreditch,” aventura James con su ingenio típicamente seco. “No creo que seamos como ninguna otra banda”, dice Jamie, con calma, “Estamos ahí fuera nosotros solos.”

2007 podría ser el año de Klaxons, con su imaginería cósmica, su avanzada percepción, sus perplejas melodía y esa ponderosa energía que les lleva a ‘Encender los puentes con la antorcha,” dice Simon, siempre con los ojos muy abiertos y apasionado, parafraseando su canción ‘Forgotten Works’, “Sabes que va a pasar algo”.

Y parece muy probable….

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